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El tirón del bolso de Jacinta


Como cada mañana, Jacinta salió a dar su paseo. En esta ocasión se dirigía hacia el centro. Desde su casa, para salir de su barrio, tenía que bajar una generosa cuesta. No se imaginó que hoy iba a recibir un susto

Su paso era firme y seguro, con un ritmo peculiar al caminar. Mientras caminaba se acordó del ferretero que le dijo que la podría reconocer a mucha distancia, aunque no la pudiera ver bien, solo por su característica forma de andar.

No andaba ni rápido ni despacio pero sí con un ritmo constante, gracias al cual podía calcular cuánto tardaría en llegar a los sitios.

Pasó por delante de la casa de Karmentxu, que salía en ese mismo momento. 

Cuando coincidían hablaban distendida y alegremente, se entendían muy bien a pesar de la diferencia de edad.

Cuando llegaron al final de la cuesta y en las inmediaciones de la estación de tren, Jacinta le contó lo que unos pocos días atrás le había sucedido en ese mismo lugar y el susto que se había llevado.

Una moto a toda velocidad se le echó encima y tiró de su bolso arrancándoselo. Casi se cae al suelo por el tirón pero era un mujer fuerte y logró no caerse estrepitosamente gracias a que se encontraba cerca de la pared y pudo apoyarse en ella. Sin embargo con el susto las piernas le flaquearon y resbaló hacia el suelo hasta quedar sentada. No pudo ni gritar, la voz se le quebró y a duras penas pudo decir que le estaban robando.




De aquellas formas en el suelo, alzó la cabeza y observó cómo había gente mirándola sin acercarse a socorrerla y sintió un gran desasosiego pensando a dónde habíamos llegado en estos tiempos. Había adultos viendo cómo a una abuela le pasaba algo,  tirada en el suelo y no se acercó nadie.

Mientras intentaba recomponer su ánimo, pensaba en cómo se levantaría de allí pues las piernas todavía le temblaban. Se acercó una chica joven y le preguntó qué tal se encontraba y si podía levantarse. Con ayuda de aquella caritativa chica se levantó torpemente. La acompañó a un banco para que se acomodara y darle un poco de agua de un botellín que tenía en su mochila.

– Lo he visto de lejos - le dijo la chica -  le ha robado el bolso con tirón desde una moto. Afortunadamente, usted ha tenido la agilidad de no caerse, podía haberse hecho mucho daño. ¿Se encuentra bien? Yo me llamo, Irene.

– Gracias Irene, yo soy Jacinta - respondió - Creo que he tenido mucha suerte hoy. Podía haberme roto algo y a estas edades no conviene.
Tengo un par de cortes en la mano, pero son pequeños. Al parar el cuerpo en la pared me he raspado con algo.

– ¿Quiere que vayamos al ambulatorio para que le miren eso? - le preguntó Irene

– No, no es necesario, tengo toallitas húmedas en el bolso y me las limpio - dijo Jacinta, pero cuando acabó la frase se percató de que era precisamente el bolso lo que le faltaba.

Irene se sonrió y de su mochila sacó unos pañuelos de papel que mojó con un poco de agua y limpió las manos de Jacinta pacientemente.

Jacinta con cara muy triste agradeció a la gentil Irene su paciencia y su tiempo.

– Lo que más pena y rabia me da, se le saltaron las lágrimas, es que nadie ha movido un pie para preguntar si estaba bien. Por un momento me he visto totalmente sola y abandonada y sin saber si podría levantarme… Muchas gracias Irene.

– No tiene que dármelas Jacinta, no es ninguna molestia para mi. Dígame, ¿Se encuentra algo mejor? Si es así, será mejor que vayamos a la comisaría de policía para denunciar el robo de su bolso. Yo la acompaño hasta allí, no está lejos, no se preocupe.

Jacinta asintió y juntas se dirigieron hacia la comisaría de policía. A Jacinta le costaba andar por los nervios y el susto y apoyada en la paciente Irene se dirigieron hacia allí. Cuando llegaron Irene planteó el caso y se despidió con un caluroso abrazo y dos besos que Jacinta agradeció muchísimo.

Los policías preguntaron a Jacinta lo sucedido y escribieron el parte de la denuncia. Viendo lo desvalida que se encontraba le ofrecieron un café que la recompuso rápidamente. Una vez hechos los trámites precisos le indicaron que le avisarían si aparecía el bolso.

En un coche patrulla la llevaron a su casa donde afortunadamente estaba Frantxika y le pudo abrir la puerta de casa.

Pasaron pocos días y la policía la llamó para que recogiera el bolso. Le explicaron que había aparecido abandonado en un rincón de una de las calles. 

Lo antes que pudo se dirigió a la comisaría y allí se lo entregaron para que lo revisara y viera si le faltaba algo.

Como os podéis imaginar le faltaba la cartera...

Jacinta revisaba todo el bolso con avidez . El policía que le atendía observaba con curiosidad las caras de alegría que iba poniendo Jacinta a medida que continuaba su revisión. El policía no entendía muy bien aquellas expresiones de alegría y le preguntó si le faltaba algo más.




Jacinta explicó los motivos de su contento. Ella tenía por costumbre meter un poco de dinero en la cartera pero el resto lo repartía en los numerosos compartimentos ocultos que tenían sus bolsos, así como el DNI y demás papeles importantes que debía llevar obligatoriamente. 

Explicó al policía que esto se lo había enseñado su ama y que lo tenía muy bien aprendido y que, como podían comprobar, a ella le había resultado muy eficaz.

Los policías asentían con la ocurrencia. Uno le dijo que le explicase bien qué significaba eso de “compartimentos ocultos”. Jacinta le explicó que como ella sabía coser, podía modificar el bolso y preparar pequeños bolsillos que apenas se apreciaban para poder meter el dinero y lo importante, como el DNI y sus papeles. Este policía prestó mucha atención y se fijó muy bien porque se lo iba a contar a su madre para que hiciera lo propio.

Jacinta estaba muy contenta porque faltaba la cartera con poco dinero y el resto estaba en el bolso. Hablaba elocuentemente y con mucho ingenio.

Y con ese aire alegre que Jacinta desprendía por doquier, dejó a los policías sonriendo mientras cruzaba el umbral de la puerta, contenta por haber recuperado su bolso casi intacto.

Resonaron unas carcajadas en la calle mientras contada la historia a Karmentxu, las dos reían con ganas por la historia y el desparpajo que desprendía Jacinta siempre. Como cada una tenía que tomar una dirección distinta se despidieron hasta el próximo encuentro.


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Esta historia se encontraba escrita en la siguiente dirección y en fecha 30-07-2013: https://amaialasonrisafeliz.blogspot.com/2013/07/jacinta-y-el-bolso.html Desde hace tiempo he querido que Jacinta fuese independiente y lo he pasado a un blog propio, cambiando el título y algo del texto para evitar penalizaciones de Google. Para consultas del capítulo original de este episodio, (como los 4 siguientes) se encuentra registrado en:
HISTORIAS DE JACINTA 1 a 5 - CC by-nc-nd 4.0 - Amaia ALEbidun Larrea Elgorriaga




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Espero que te haya gustado.
Este capítulo está basado en un episodio sucedido a mi amona-abuela Joaquina Manterola Yarzabal, allá por los años 90. Ella me contó muchas historias y mi amaMariCarmen me sigue contando...  historias que Jacinta nos irá enseñando.

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Comentarios

  1. A la señora Jacinta la veo una ama de casa de las de antes, entrañable. Como ella siempre va todo recto parece confiada y buena gente, no se merecía que la dieran "el tirón" robándola el bolso. Afortunadamente no la ha pasado gran cosa, me alegro ya que a esas edades una lesión osea puede ser determinante.
    Poco a poco la iremos conociendo mejor.
    Un saludo

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    1. Gracias Javier. Bienvenido.
      Afortunadamente no le ha pasado nada a Jacinta, un susto.
      La pena es que la sociedad estemos tan insensibilizados a veces...

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  2. Al leer la entrada, me he acordado del casposo cine español de los setenta. El torete, el vaquilla, el jaro... Delincuentes navajeros.

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    Respuestas
    1. Saludos Cabrónidas!!
      Je je je, por desgracia esta acción no es de los años 70 sino mucho más reciente.
      Es de los casposos años 90, a finales...
      Al parecer no se nos ha ido la caspa y mira que hay buenos productos contra ella...
      Gracias por el comentario ;-)

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  3. Que lista que es Jacinta. Y que triste que cuando haya un robo la gente no actúe en lo propio. Ayudar o socorrer al afectado/a. Me ha gustado mucho la primera parte de esta historia. Un saludo!!

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    Respuestas
    1. Muchas gracias Keren.
      Es triste pero la sociedad cada vez nos estamos endureciendo hacia algunas cosas y poniéndonos más blandos en otras...
      Y creo que las tornas están cambiadas...
      Abrazo!!

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  4. Me alegro que de una escena tan humillante y que habla de la poca empatía de los demás, surja algo tan esperanzador y de provecho para sus protagonistas y allegados.
    Un saludo cordial

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    1. Muchas gracias Doctor Krapp!!
      Estamos en tiempos convulsos y la Sociedad reacciona como puede,
      solo espero que el Futuro sea con más empatía, tanto que se enseña hoy día...
      Saludos!!

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